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LA CERÁMICA NEGRA DE LLAMAS DEL MOURO

LLAMAS DEL MOURO

Llamas del Mouro es hoy un día pintoresco lugr de la parroquia de San Martín de la Sierra, situado a 22 Kms. de la capital del concejo, Cangas del Narcea.

La importancia de este centro alfarero radica en ser muestra viviente de un tipo de cerámica cuyas raíces entroncan formas castreñas y medievales con las más evolucionadas de influencias castellano-portuguesa de los siglos XVII y XVIII.

Aunque ha sido recientemente cuando se han encontrado datos que confirman la hermandad entre los centros de Miranda de Avilés y Llamas del Mouro, hace tiempo que se venía sospechando su relación por varias razones: el torno alto, el sistema de trabajo, la tipología de las piezas y el acabado final de éstas eran similares en ambos centros.

Parece ser que su quehacer alfarero está ligado al asentamiento de una familia avilesina en estas tierras. Manuel de Ávila y Josefa Nuevo con sus ocho hijos procedentes de Miranda de Avilés son los responsables de la continuidad alfarera de Miranda en Llamas del Mouro. La diferencia entre ambos centros radicó en que Miranda cerró sus últimos hornos hacia 1910 mientras que el Mouro, debido quizás a su aislamiento ha permanecido como centro alfarero hasta nuestros días.

En los años treinta, Llamas era un importante núcleo formado por alrededor de veinte artesanos repartidos por los diversos barrios del lugar: El Jardín, El Mouro, Llamas, Valdelaforca, Fuentearmada, Bruelles, La Penona... Pero a partir de entonces sólo una familia, la de Jesús Rodríguez Garrido continuó en el mundo del barro. Fueron años muy difíciles praa los alfareros; aun así, Jesús Rodríguez, que murió en 1992, tuvo la satisfacción de ver su esfuerzo reconocido.

Hoy día sus hijos Marcelino y Manuel Rodríguez Suárez son los continuadores del oficio y gracias a su constancia una tradición de fuerte raigambre en Asturias se mantiene viva.

Ellos siguen utilizando dos tipos de barro, el claro y el colorao para obtener la mezcla óptima que dé buen resultado al moldear y cocer. El bruñido se realiza una vez que la pieza está ligeramente endurecida con un guijarro romo, piedra de mar, y se dibuja con ella motivos decorativos, generalmente a base de líneas que una vez cocidas reusltan de un brillo espectacular. En ocasiones llevan también decoraciones a base de incisiones con motivos muy sencillos punteados y rasgados.

Piezas tradicionales destinadas a cocinar o contener alimentos son la cazuela de dos asas; el puchero de una; el barreño a modo de fuente con dos asas junto al borde, o en tamaño mayor y de cuatro asas, llamado barreñón, utilizado frecuentemente pra hacer el sanmartín y en ocasiones la colada. Para el servicio individual se ha utilizado con preferencia la conca. en relación con el mundo de los productos lácteos se han realizado piezas muy determinadas en su función: ejemplo son la feridera, especie de olla para hacer mantequilla; las queseras, vasijas troncocónicas provistas de numerosos agujeros que permiten un segundo desuerado; y la tarreña, cazuela alta de base estrecha para guardar la mantequilla cocida.

Destinados a contener líquidos se han venido realizando varios tipos de xarras y xarrinas pra el consumo de agua y en ocasiones de miel. Al vino estaba especialmente dedicado el cavero, siendo una jarra con la boca más ancha que las de agua... También dos tipos de botijos han sido comunes en Llamas: el de pixulín, de pitorro faliforme, y el llamado porrón, botijo grande y redondeado. Pero la pieza quizás más llamativa sea el barril, llamado también tonel, penada, barrilete o xarro cuya especial configuracion está relacionada con su estabilidad en terrenos irregulares y la conformación de las alforjas de las caballerías. Es la pieza que más trabajo ocasiona al tener que llevarla cuatro veces al virador para hacer las dos panzas, encolar y pulir.

Así, Llamas del Mouro, con sus vasijas de color  negro, de un negro denso y brillante, continúa una tradición que entró en la Península de mano de las invasiones centroeuropeas que resumen los celtas. Actualmente este rasgo de su cultura material se conserva en Cataluña, Asturias y norte de Portugal, aunque antiguamente se extendía a Galicia y a una zona más amplia del NO peninsular. Estas vasijas de Llamas del Mouro son por ello muestra de la supervivencia de una tradición frente a los cambios impuestos por las novedades de los tiempos modernos.

Esperanza Ibáñez de Aldecoa

 

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